Aquí está mi límite

Carta · 1 de Agosto de 2026

Aquí está mi límite

Llevo varios días dándole vueltas a cómo hablar de unos libros que me recomendaron.

No porque no tenga claro lo que pienso, sino porque precisamente creo que es uno de esos temas en los que es muy fácil que todo se reduzca a dos posiciones bastante simples: o estás a favor de la educación sexual o estás en contra.

Y para mí no va de eso.

Los libros de los que te voy a hablar hoy son los de Menstruita: Tu cuerpo mola, El semen mola, Tus pechos molan, La regla mola

Empecemos desde el principio.

Estaba buscando libros que hablasen sobre la preadolescencia, la adolescencia y todos esos cambios que empiezan a ocurrir en el cuerpo. Y, hablando con diferentes personas, varias me recomendaron esta colección.

Es verdad que los títulos ya me generaron bastante curiosidad, así que fui a por ellos.

Antes de seguir, dos cosas.

Son libros dirigidos a niños y niñas bastante pequeños —algunos recomendados a partir de los 10 años— y, además, podemos encontrarlos en bibliotecas escolares.

Y voy a intentar ser lo más objetiva posible. No quiero decirte que estos libros estén “mal” y que mi manera de entender la educación sea la correcta. Quiero enseñarte qué contienen y explicarte por qué, con mi criterio, yo no puedo recomendarlos.

Porque lo curioso es que al principio encontré exactamente lo que estaba buscando.

En Tus pechos molan, por ejemplo, hay información que me parece realmente útil sobre cómo se desarrollan los pechos, cómo pueden cambiar con los años, qué diferencias entre unos y otros son normales…

Y pensé: vale, esto sí.

Hasta que el libro empieza a llevar esa información a un terreno sexual.

Y aquí prefiero enseñarte a qué me refiero.

Se explica que los pechos son órganos erógenos, que intervienen en el deseo y el placer sexual, que su estimulación puede resultar placentera e incluso facilitar un orgasmo. Después se habla de atracción sexual, de cuando alguien te gusta, te excita o “te pone”.

Y ahí algo ya me empezó a chirriar.

No porque sea información falsa. La cuestión para mí es otra: ¿qué aporta esa información a una niña de diez años que está intentando entender por qué le están creciendo los pechos?

Puede saber perfectamente cómo está cambiando su cuerpo, qué es normal y qué no, sin necesidad de introducir en ese momento el orgasmo o aquello que “la pone”.

Yo fui buscando libros que me ayudasen a anticipar conversaciones, no a anticipar experiencias.

Con Tu cuerpo mola esa sensación va bastante más allá.

Aquí el libro propone directamente ejercicios de autoexploración: buscar un lugar donde tengas intimidad, coger un espejo, colocarlo entre las piernas, observar la vulva y el ano, tocar diferentes zonas, prestar atención a las sensaciones del clítoris, al cosquilleo, al calor, a aquello que resulta agradable…

Y más adelante entra en la masturbación y en descubrir distintas maneras de darse placer.

Aquí está probablemente mi mayor problema con la colección.

Porque informar de que la masturbación existe es una cosa y pautar un ejercicio es otra.

No necesito pensar que la masturbación está mal para considerar que pertenece a una esfera tremendamente personal. Precisamente por eso no entiendo la necesidad de dirigir esa experiencia en una niña que puede tener diez años.

Que un niño pueda sentir curiosidad por su cuerpo no significa que un adulto tenga que dirigir esa curiosidad.

Porque, si quitamos el libro de la ecuación por un momento, la cosa se ve de otra forma. Si un adulto le propusiese directamente a una niña de diez años que buscase intimidad, cogiese un espejo, observase sus genitales, empezase a tocarse y comprobase qué le produce placer, probablemente nos haríamos bastantes preguntas.

No digo que sea exactamente lo mismo.

Pero sí creo que merece la pena preguntarnos por qué determinadas indicaciones dejan de generarnos dudas simplemente porque aparecen impresas en un libro.

Y en Tu cuerpo mola me encontré además con otra cosa que no esperaba encontrar ahí.

El patriarcado.

En medio de las explicaciones sobre el cuerpo aparece una determinada lectura sobre el poder histórico de los hombres sobre las mujeres y sobre cómo eso habría influido incluso en los nombres de algunas partes de la anatomía femenina.

Y mi pregunta fue bastante sencilla:

¿qué pinta esto en un libro que se presenta como informativo sobre el cuerpo?

No estoy diciendo que no se pueda hablar del patriarcado con los niños. Por supuesto que se puede hablar de patriarcado, feminismo, desigualdad, historia o sociedad.

Pero son conversaciones distintas.

Explicar qué es una vulva es anatomía. Explicar esa anatomía desde una determinada interpretación política o social es otra cosa.

Puede que la compartas completamente. Puede que no.

Ese no es el problema.

El problema para mí es mezclar una interpretación ideológica con datos anatómicos y fisiológicos sin establecer prácticamente ninguna diferencia entre unas cosas y otras. Especialmente en un libro que se presenta como divulgativo.

Y después está El semen mola.

Que explique qué es una eyaculación me parece no solo bien, sino necesario.

Precisamente para eso estaba buscando estos libros: para que un niño pueda saber qué le va a pasar antes de que le ocurra y no llegue a determinados cambios sin entenderlos.

Pero al final aparece una especie de diario de la primera eyaculación. Se pregunta cómo fue, cómo se celebró y se deja incluso un espacio para pegar una fotografía relacionada con ese momento.

Y esto me parece especialmente difícil de justificar y entender.

Porque aquí veo una contradicción bastante evidente con algo que la mayoría de padres intentamos enseñar desde que nuestros hijos empiezan a tener acceso a un móvil: no generar ni compartir imágenes íntimas.

Les hablamos de privacidad. De tener cuidado con lo que fotografían. De que una imagen digital puede escapar de su control. De pensar muy bien qué guardan o envían.

Y, al mismo tiempo, un libro dirigido a menores propone conservar una fotografía relacionada con su primera eyaculación o con su semen como recuerdo.

El libro no les dice que la compartan. Eso es cierto.

Pero propone generarla.

Y no termino de entender qué aporta.

¿Qué aprende un niño gracias a esa fotografía que no pueda aprender sabiendo perfectamente qué es una eyaculación?

Yo no encuentro la respuesta.

Y después de leerlos creo que ya sé exactamente dónde está mi problema con esta colección.

No es que hable de sexo.

Es qué esperamos de un libro informativo para niños y hasta dónde puede llegar sin empezar a dirigir conductas íntimas o introducir una visión ideológica concreta como si formara parte de la información objetiva.

Claro que quiero poder explicar qué es una eyaculación antes de que ocurra. Quiero que una niña entienda perfectamente qué está pasando con sus pechos. Quiero que la masturbación pueda nombrarse sin vergüenza si aparece la conversación.

Pero no creo que para informar tengamos que dirigir su curiosidad, pautar determinadas experiencias íntimas o dar por hecho que todo lo que algún día formará parte de su vida tiene que introducirse ya.

Quizá con catorce o quince años muchas de estas páginas me generarían una sensación diferente. A los diez, no.

Ese es mi criterio.

Puede que el de otra familia sea distinto y está bien. Pero precisamente porque yo recomiendo libros, tengo que decirte dónde está mi límite.

Y con estos, está aquí.

Tienen información valiosa. Eso sería absurdo negarlo.

Pero está mezclada con contenidos y propuestas que, para mí, están fuera de lugar para la edad a la que se dirigen.

Por eso yo no puedo recomendarlos.

Y por eso quería enseñártelos por dentro: para que puedas ver exactamente qué contienen y decidir con tu propio criterio.

Los libros de esta carta

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