Si hay algo que he aprendido con los regalos infantiles es esto: lo difícil no es comprar. Lo difícil es acertar.
Porque hay regalos que hacen una entrada triunfal, tú te vienes arriba, haces foto, dices “qué ilusión”, y a las 48 horas están en el rincón de “ya si eso”. Ese rincón existe. En todas las casas. Y encima crece.
Y luego están los otros. Los que no hacen tanto show, pero se convierten en costumbre: los que vuelven a salir un domingo de lluvia, los que te salvan un “me aburro” sin montar un festival, los que de repente son plan.
Por eso he reunido aquí los que más hemos amortizado en casa. Da igual si llegaron en Reyes, en Papá Noel o en un cumple. Importa que se han usado de verdad. Y si a ti te sirven para coger ideas, pues mejor que mejor.
Para los “me aburro” y tiempos muertos (bolso, coche, salas de espera)
Super Blocks

Yo lo compré, sí. Pero con la fe justita. En plan: “bueno, por probar…”. No daba un duro por él.
Pues ha resultado ser de los que más hemos amortizado este año. Tanto, que vive en mi bolso.me ha salvado escenas que empezaban con un “me aburro” y acababan en tragedia griega: sala de espera eterna, cola infinita, “cinco minutos” que en realidad son media vida… Se lo doy y ella se mete en su mundo. Concentración de esa que casi da envidia. De repente hay silencio y modo reto activado.
Edad orientativa: a partir de 6 años (y si tu peque es de los que disfruta con retos y lógica, éxito asegurado).
Gatos y cajas

Lo compré por los gatos, no voy a mentir.
Pensé: “bueno, por lo menos le hará gracia”. Pues no. Le hace gracia y además la engancha: es un rompecabezas de los que se toma en serio, con dificultad que va subiendo. Y lo mejor: juega sola y se concentra a lo bestia. (y si, también lo puedes meter en el bolso).
Edad orientativa : a partir de 7 años.
Magic Magnetic Cube

Este cubo es una auténtica genialidad. En casa lo usamos mucho cuando hay nervio en el ambiente, porque tiene ese efecto raro de “manos ocupadas, cabeza más tranquila”. La Señora dice que le ayuda cuando se estresa… y yo no voy a discutirle, porque algo hace. No es un Rubik de girar caras. Aquí la gracia está en que son piezas magnéticas con formas distintas que tienes que ir encajando. Ella a veces intenta montar el cubo “perfecto”, otras se pica con el reto de hacerlo sin deshacer todo veinte veces… y otras, simplemente, se pone a inventar figuras.
Y ahí es donde lo amortizas: porque no es un juego de una sola manera. Es de esos que valen para “quiero reto” y para “solo necesito trastear y bajar revoluciones”.
Y sí: parece sencillo. Hasta que lo pruebas y dices: “vale, entendido”.
Edad orientativa : a partir de 7 años.
Para jugar en familia (y pasarlo bien de verdad)
Morada maldita

Lo descubrimos en casa de una amiga y fue un flechazo de los que dan rabia, porque ya te ves venir el final: “esto va a acabar en mi casa”. Efectivamente. A los pocos días, se vino con nosotros.
Y desde entonces es de esos juegos que salen solos. No hay que convencer a nadie. Lo sacas y ya está: se monta el plan, la gente se pica, alguien se ríe de más, otro protesta, y siempre acaba pasando lo mismo: “una más”.
Spoiler: nunca es solo una más.
Edad orientativa: a partir de 7 años (Aunque si tu peque está acostumbrado a jugar a juegos de mesa y no se frustra demasiado, quizá un poco antes).
Quickstop Family

Con este juego nos hemos reído una barbaridad. Pero de esas risas de verdad, de las que te dejan con la barriga dolorida y a alguien diciendo: “vale, última y paro”… y no para.
Engancha desde el minuto uno a TODO el mundo. Sí, a todos. No hay que “explicarlo veinte minutos”, no hay que convencer a nadie, no hay que hacer de animadora. Empiezas y ya.
Y lo mejor es que no es solo cachondeo: te obliga a ir rápido de cabeza y a sacar creatividad en medio del caos. O sea, diversión… pero con el cerebro trabajando.
Edad orientativa: a partir de 6 años. (Hay también una versión para adultos).
Slapzi

Con el Slapzi nos ha pasado lo mismo que con el Quick Stop: nos ha tenido enganchados. Este verano ha sido el típico “sacamos una partida rápida” que, por algún motivo, termina siendo media hora y alguien pidiendo revancha.
Es un juego de esos que funcionan en familia porque no necesitas calentarte la cabeza para arrancar, pero sí te pica lo justo para querer hacerlo mejor: rapidez, atención y ese puntito de caos que hace que acabes riéndote aunque pierdas.
En casa ha sido plan recurrente. De los que se amortizan solos.
Edad orientativa: a partir de 6 años.
Puzles y concentración (para bajar revoluciones)
Puzzle de Madera con forma de gato

A La Señora le flipan los puzles. Tengo comprobado que cuando está más nerviosa de lo habitual, saca uno y es como si el mundo bajase dos marchas. Se sienta, empieza a encajar, y la ves aterrizar. Este (junto con otro de búhos que también es una preciosidad) fue de los regalos de Papá Noel este año y ha sido un exitazo. No es el más complicado del universo, pero ojo: si en casa no estáis habituados a hacer puzles, igual no es el mejor para empezar, porque pide un poquito de paciencia.
Y luego está el detalle que lo hace aún más bonito: algunas piezas tienen forma de gato. De esas tonterías que te ganan, porque estás montando y de repente te sale una pieza-gato y te hace ilusión. (Al menos, a nosotras).
Edad orientativa: 9–10 años. Si ya hacen puzles y tienen práctica, 8 también.
Rush Hour

Con este juego nos pasó una cosa muy poco habitual: acabamos enganchados todos. Y cuando digo todos, es todos. Papá, yo… y sí, también los abuelos. De esos días que empiezan con “venga, una” y acaban con “espera, espera, que ahora lo saco yo”.
Ha sido un exitazo en casa y también cada vez que lo hemos regalado, porque tiene ese punto de reto que te pica sin darte cuenta. No es el típico que haces dos partidas y ya. Este vuelve a salir.
Edad orientativa: a partir de 8 años, aunque le gustan los retos, puede entrar antes.
Creatividad (para cuando quieren hacer “algo”, no solo jugar)
Máquina para hacer chapas y llaveros

Esta máquina de chapas y llaveros fue uno de los regalos estrella de este año. Desde el momento en que la vio, le flipó. Y cuando digo “le flipó”, digo que todo lo demás pasó a un segundo plano durante horas: ella a lo suyo, dibujando diseños como si tuviera una tienda abierta.
Y sí: luego hizo chapas y llaveros y se los vendió a toda la familia. No es difícil de usar, pero para las primeras 2 o 3 necesitas echar una mano: colocar bien todo, pillar el punto… Lo normal. Después, en cuanto le cogen el truco, es facilísimo.
Es una de las cosas que más entretenida la han tenido: ratito largo de calma + orgullo de “lo he hecho yo”.
Edad recomendada: a partir de 7 años.
Professional Studio Velas

Este kit se lo regalaron el año pasado y, contra todo pronóstico, no fue flor de dos tardes. Lo sigue usando a día de hoy.
No es complicado, pero aquí sí hace falta supervisión, porque hay que calentar cera y eso no es para hacerlo en plan “me apaño sola”. A La Señora le encanta porque no es “hacer por hacer”: hace velas de verdad. De hecho, muchas de las que tenemos en casa son suyas. Algunas están medio torcidas, otras le quedan preciosas… pero todas tienen esa gracia de “esto es mío”.
Edad recomendada: a partir de 7 años, con supervisión.
Pelotas saltarinas

Te juro que cuando compramos este kit pensábamos que no iba a salir ni una pelota decente. En plan: “esto es imposible, esto es una estafa, esto acaba en la basura”. Pues no. Salen. Y salen bastante chulas.
La primera la hicimos con La Señora para explicarle los pasos (y para asegurarnos de que no la liábamos nosotros, también te digo). Pero a partir de ahí, el resto ya las hizo ella sola.
Edad recomendada: a partir de 8 años. (La señora tiene 7 y las hace perfectamente).
Dicen que lo mejor siempre se queda para el final, ¿no? Pues aquí no podía ser de otra forma: te dejo con tres libros que han llegado a casa estos últimos días.
Uno porque es novedad y apetece, otro para echarnos unas risas y otro de los que se disfrutan de verdad leyendo juntos.
Little Dragons

Little Dragons es una colección genial para primeros lectores (a partir de 7 años): capítulos cortos, aventuras, magia y… dragones. Es de las colecciones favoritas de La Señora.
Gato pachorro

Nos hemos reído pero bien con Gato Pachorro.
Yo estaba en el salón y no paraba de oír carcajadas, así que me pudo la curiosidad y acabé uniéndome a la lectura. Resultado: nos ha encantado…
Edad recomendada: a partir de 7 años.
Un lobo llamado Fire

Que bonito ha sido conocer a Fire!.
Fire es el lobo más pequeño de la camada, el que no corre tanto, el que no caza tan bien, el que (parece) que se queda atrás.
Pero cuando todo se pone feo, es él quien se queda. Quién cuida.
Y en ese quedarse, sin alardes ni heroicidades de película, se convierte en lo que siempre fue: el corazón de la manada. A veces, los que creen que no valen tanto son los que terminan sosteniéndolo todo cuando llega el caos.
Y eso, aunque esté contado con lobos, también va de nosotros.
Nosotros lo leímos en voz alta, uno una página, otro la siguiente. Ella coge su parte con una seriedad de adulta pequeña, y nosotros intentamos no acelerar demasiado. Es un libro precioso para leer en familia.
Edad recomendada: a partir de 9 años. (si lo leéis en familia, yo diría que a partir de 7)
Y ya está.
No están todos los que son, pero sí son todos los que en esta casa han funcionado de verdad.
No sé si a los tuyos les gustarán tanto como a La Señora, pero si alguno te salva una tarde de lluvia, una espera eterna o consigue que alguien diga “¿jugamos otra vez?”… ya habrá merecido la pena.
Y si te han gustado estas ideas, recuerda que en las asesorías de lectura recomiendo libros pensados especialmente para tu hijo o hija. No solo por edad o gustos, también por lo que hay detrás: miedos, frustraciones, enfados, inseguridades…
Porque cada familia es única, y sus lecturas también.