Carta · 23 de septiembre de 2026
Perder el tiempo
Einstein decía —o eso llevamos años diciendo que decía Einstein, que tampoco quiero yo ahora meterme en un jardín— que un minuto sentado sobre una estufa ardiendo parece una hora y una hora con alguien que te gusta parece un minuto.
Y que eso era la relatividad.
Como explicación científica seguramente es regulera.
Como explicación de la vida me parece impecable.
Porque el tiempo es probablemente una de las pocas cosas que podemos medir con una precisión absurda y vivir de una forma completamente imprecisa.
Un minuto son sesenta segundos. Siempre.
Y, sin embargo, todos sabemos que no es verdad.
Un minuto esperando a que alguien salga de un quirófano puede durar una vida entera.
Y en cambio los cinco minutos que te quedan de sueño cuando suena el despertador duran aproximadamente doce segundos.
El reloj, mientras tanto, no ha hecho ninguna distinción.
Si me dijeran, por ejemplo, que me queda un mes de vida, ese mes me parecería obscenamente corto.
De repente treinta días no son nada.
Y supongo que haría lo que se supone que hacemos cuando descubrimos que el tiempo se acaba: aprovecharlo.
Lo que no tengo tan claro es qué narices significa aprovechar el tiempo.
Porque si solo me quedara un mes, querría estar con la gente que quiero, obviamente.
Pero también querría «perder» el tiempo con ellos.
Y ahí es donde se me desmonta un poco el asunto.
Frente a esos treinta días parece que una debería ponerse seria. Viajar. Ver amaneceres. Aprender por fin a hacer croquetas.
Pero yo también querría una tarde completamente inútil.
Una conversación que empiece en una cosa y, tres horas después, termine inexplicablemente en por qué demonios ya no hacen yogures como los de antes.
Ver algo con mi hija tiradas en el sofá.
Una sobremesa que se alargue hasta que alguien mire el reloj y diga «hostia, son las siete».
Y entonces, ¿qué?
¿He perdido una de las treinta tardes que me quedaban?
Porque si la respuesta es sí, creo que me gustaría perder unas cuantas.
Y si la respuesta es no, llevamos utilizando bastante mal la expresión perder el tiempo.
Sea como sea, hoy vengo dispuesta a darle un poco la razón a Einstein.
He elegido libros que tienen una relación bastante particular con el reloj.
Y eso, al parecer, era la relatividad.
Los libros de esta carta
Libros para perder la noción del tiempo

Libros que hacen cosas bastante raras con el reloj: algunos hablan del paso del tiempo y otros simplemente consiguen que dejes de mirarlo. Hay lecturas para distintas edades y también unas cuantas para nosotros.
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